El fenómeno Facebook ha alcanzado cotas insospechadas de éxito a nivel mundial. Recientemente se ha publicado un estudio comparativo, que dice que si Facebook fuera un país, sería el tercero del mundo en cuanto a densidad demográfica, lo cual no es nada despreciable. Para ser sinceros, es impresionante.
Ante semejante éxito, cabe preguntarse si estamos o no haciendo un uso correcto de las redes sociales, y si sabemos su funcionamiento, o simplemente somos un participante más.
A pesar de haber sido criticadas, y en ocasiones por meritos ganados a pulso, las redes sociales son un recurso muy útil en las relaciones de la sociedad actual, y que desde una visión objetiva son enriquecedoras para los usuarios, además de divertidas. Sin embargo, como siempre suele ocurrirme, paso a debatirme entre la utilidad teórica y el uso real que les damos.
Sin ánimo de inducir a un uso u otro, violando la libertad del usuario (y recordemos los derechos y deberes que se adquieren con dichas libertades) no estaría de más pararse a pensar un poco antes de interactuar en un lugar donde estamos “expuestos” ante miles, por no decir millones de personas.
Y es que, aunque no queramos creerlo, estas redes se extienden de tal forma, que si tomas parte activa en ellas, y haces de tu perfil el escaparate de tu vida diaria puedes llevarte algunos disgustos inesperados. ¿Quién es el culpable? Ciertamente unos son más responsables que otros, y tendrían que rendir cuentas, pero si buscáis un culpable, solo tenéis que miraros al espejo. De nuevo quiero sacar a relucir la incapacidad general de mantener lo privado e intimo en su lugar, poner en valor el sentido del ridículo cuando nos acercamos a los extremos, que sabemos que nunca son positivos, muchas veces por experiencia propia, y aunque para algunos suena a panfleto paternalista, respetarse a uno mismo.
En este caldo de cultivo, falta el ingrediente secreto, la necesidad de reconocimiento, de llamar la atención y hacerse notar, de ser visto y conocido por muchos, adorado por algunos y en ocasiones odiado por otros. ¿Problema de educación? Si me preguntáis, os diré que sí, porque entiendo la educación como algo que mucho más allá de sumar, derivar, comentar textos, proyectar edificios y demás, trata de formar personas, en el más rico y positivo sentido de la palabra.
Este comportamiento es seña de identidad humana, es una necesidad autentica, que unos saben saciar con más o menos gracia, y que otros consiguen dominar de forma reservada.
Para quitarle seriedad al asunto, os dejo una frase para el momento en que penséis en subir esas fotos de las noches de desenfreno o momentos que no deberían publicarse por posibles consecuencias: “Lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas”.
Facebook, además, ha recibido ya varias denuncias de violación de la privacidad de los usuarios debido al acceso de ciertas aplicaciones a la información personal del perfil del usuario, y no solo a la del interesado, sino a la de todos su contactos, algo que ha sido justificado como un sistema de control y que se alega que desaparece a las 24 horas, pero que resulta difícil de creer cuando nos enteramos que dicha información sale de la página de Facebook, y por tanto, de su campo de control.
Para terminar de animaros, os informo de que hace ya algún tiempo se modificaron los Términos y condiciones de la pagina al registrarte, incluyendo un punto por el cual TODO lo que publiques en Facebook, pasa a ser propiedad de Facebook en ese mismo momento, sin posibilidad de revocar tal situación. Videos, comentarios, grupos…
¿Sabíais que estabais aceptando esto al registraros? ¿Hasta donde consideráis que viola la privacidad del usuario, y hasta donde llega la responsabilidad del mismo en la publicación de su contenido?



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